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Había una vez un conejito que saltaba mucho, pero a la niña no le gustaba porque rompía cosas al hacerlo, él era muy inquieto y a ella le molestaba porque debido a eso la mamá la regañaba constantemente. Como el animalito era tan juguetón rompía todo cuando pasaba brincando, pero a la niña lo que más le importaba era un jarrón antiguo que le había regalado su papá.

En la noche, el conejo no se quiso dormir y saltó hasta donde estaba el jarrón y lo rompió, cuando lo destrozó se dio cuenta que lo iban a regañar entonces fue a buscar pegamento y lo arregló, simuló que nada pasó.

Cuando la niña se despertó la mamá ya se había enterado de lo ocurrido, la regañó tan fuerte que la niña lloró desconsolada y el conejo se entristeció mucho al ver que su amiga sufría, entonces decidió que tendría mucho más cuidado con las cosas, para que a su amiga no la volvieran a regañar por su culpa. Fin.

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